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DOCTRINA DE COMBATE “U”

FUERZAS TERRESTRES

VEHÍCULOS NO TRIPULADOS DE COMBATE TERRESTRE


Hoy en día, nadie puede estar ajeno a la revolución que significan los medios no tripulados en los campos de batalla; ya sea en funciones de reconocimiento, combates o apoyo logístico o de comunicaciones, ya se trate de vehículos pilotados remotamente (RPV, por sus siglas en inglés) o de medios totalmente autónomos, el “ejército de robots” tan soñado por la ciencia ficción ya está dando sostenidos pasos hacia el futuro. Pero si bien las capacidades actuales de los medios no tripulados hacen uso de un cada vez más avanzado basamento tecnológico, los conceptos de uso que guían el despliegue de estas armas en el campo de batalla pueden encontrarse muy atrás en el tiempo: las tácticas de combinación de armas aéreas y terrestres de despliegue rápido sobre “puntos clave” se remontan hasta los días de estrategas como J.F.C Fuller o Hans Guderian, que idearon doctrinas de combate rápido con un componente decisivo de unidades aéreas de apoyo y vehículos blindados, para evitar el estancamiento en batallas que confrontaran grandes fuerzas, como había pasado en la Primera Guerra Mundial. Por supuesto, el combate con medios no tripulados posee sus propias particularidades, las cuales requieren un análisis pormenorizado, pero un repaso acerca de las tácticas usadas en el pasado puede decirnos mucho acerca de las posibilidades, fortalezas y limitaciones de las plataformas de combate terrestre no tripuladas en el futuro cercano.

Aunque el panorama de los medios no tripulados es amplio, hay que reconocer que los vehículos aéreos sin piloto -denominados UAV en inglés- han tenido en los últimos años un mayor despliegue y desarrollo tecnológico que el de sus contrapartes terrestres y marítimas, una evolución dictada por su mayor uso; consecuentemente, también se ha escrito más acerca de ellos. Si bien hay documentos que tratan sobre el desarrollo de los sistemas terrestres, como los “Unmanned System Roadmap” del Departamento de Defensa de EE.UU, generalmente se limitan a dar una visión general, superficial y adentrándose sólo en detalles tecnológicos, dejando de lado los aspectos doctrinales y tácticos sobre su uso. También existe una importante carencia de materiales originales en español en este tópico en particular, así como una limitada disponibilidad de traducciones de escritos anglosajones sobre el tema.

Si bien hay que reconocer que los robots o RPV terrestres se encuentran en una etapa de desarrollo menos madura que sus contrapartes aéreas, no es menos cierto que esto se da a causa de que necesitan una “inteligencia artificial” más refinada para hacer frente a, por ejemplo, una navegación más compleja que la de una nave aérea. Pero a medida que estos problemas sean solucionados, es seguro que su uso irá cobrando mayor importancia en las Fuerzas Armadas. Por eso, este estudio pretende centrarse en las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que debe enfrentar el incipiente pero seguro despliegue de vehículos no tripulados de combate terrestre, más sin olvidar que las doctrinas y tácticas de uso hacen al medio eficiente, y no al revés.

En cuanto a los acrónimos usados: si bien la sigla en inglés comúnmente utilizada para este tipo de vehículos es UGV (por Unmanned Ground Vehicle) en este documento se emplearán las siglas en inglés UCGV (Unmanned Combat Ground Vehicle) o en español VNTCT (Vehículo No Tripulado de Combate Terrestre), por ser más descriptivas del tipo de medios que analizaremos.

El UCGV o VNTCT, al contrario de lo que la mayoría piensa, es un concepto de larga data: ya a principios de 1930, el Ejército Soviético comenzaba sus primeros experimentos con una serie de “tele-tanques”, unidades blindadas controladas remotamente mediante una radio instalada en otro tanque, que hacía las veces de guía. Estos rudimentarios “tele-tanques” podían obedecer un total de entre 16 y 24 órdenes distintas enviadas a una distancia de hasta 1500 mts; dichos comandos podían emitirse a través de dos frecuencias de radio alternativas, para evitar la inutilización del arma si una de las frecuencias era interferida. El bautismo de fuego de estas unidades en la Segunda Guerra Mundial, produjo resultados mixtos: si bien estos blindados (armados con ametralladoras, lanzallamas y cargas explosivas) eran medianamente útiles para asaltar posiciones fortificadas fijas fuertemente defendidas, eran mucho menos eficientes en el tipo de combate altamente móvil que inauguró la “guerra relámpago” alemana.

Fig 1: plano de un tanque a control remoto TT-BT-7. Nótese la ausencia del cañón principal, sustituida por una ametralladora extra o un lanzallamas (década de 1930).



Fig 2: UCGV “Black Knight” ; este prototipo posee un cañón automático de 25 mm y una ametralladora, y puede guiarse a control remoto desde un vehículo M2 “Bradley” (actualidad).


Si bien en la actualidad existe un uso limitado de robots terrestres armados, se trata en muchos casos de unidades de pequeño tamaño, no armadas, o equipadas con armamento liviano y un blindaje apenas capaz de detener proyectiles de armas ligeras. Aunque este tipo de vehículo puede ser útil como plataforma de reconocimiento, la intención de este estudio es ahondar más en las capacidades de los UCGV “pesados”, es decir, aquellos con una apariencia, tamaño, y capacidad de transporte de equipo similar a la de los vehículos blindados tripulados actualmente en uso; esta discriminación se hace dada la más amplia variedad de usos que puede tener esta clase de medios en el campo de batalla.

Una descripción superficial de las ventajas de un “tele-tanque” moderno comenzaría en el hecho más obvio y fundamental: la carencia de tripulación humana y por consiguiente, de un habitáculo y de diversas características asociadas a ella (sistemas de protección NBQ, espacio para vituallas, equipos y armas personales, sistemas de presentación visual de datos, etc); esto hace que dichos vehículos puedan ser más compactos, y por lo tanto menos observables y más livianos que los tripulados. Otras ventajas asociadas a la no presencia humana serían:

  • Al igual que en otros medios a control remoto, el coste del entrenamiento de una tripulación humana es mucho más alto que el del entrenamiento de un operador (o equipo de operadores) a distancia.
  • al no tener como condicionante la fatiga de una tripulación humana, un UCGV puede mantenerse en operaciones de combate durante más tiempo que sus contrapartes tripuladas, sobre todo al efectuar patrullas u otras misiones que requieran una atención dedicada durante grandes períodos de tiempo.
  • al no disponer de cargadores de munición humanos, los UCGV deben confiar en sistemas de carga automática de proyectiles; no obstante esta “desventaja” a primeras luces, se torna en una ventaja, si tenemos en cuenta la mejorada fiabilidad de dichos sistemas hoy en día, y su mayor cadencia de fuego en comparación con la de un cargador humano, sobre todo en combates de larga duración; un sistema de carga automática no se cansa, y siempre trabaja a la misma velocidad.
  • la mayor compacidad y menor peso de los UCGV habilita al vehículo a lograr una buena relación peso-potencia con plantas motrices de menor caballaje, y por lo tanto, de menor consumo de combustible.


Siendo que las estrategias de uso de vehículos blindados no han cambiado demasiado desde la Segunda Guerra Mundial, no estaría de más repasar algunos puntos clave de la doctrina de la “guerra relámpago” (“Blitzkrieg”) para aclarar algunos conceptos; los conceptos más importantes están subrayados, y los comentarios están puestos en negrita:


“Guderian (considerado uno de los padres de la doctrina de blindados alemana) llegó a la conclusión que esta doctrina no era solamente válida, sino de vital importancia para el ejército; la infantería transportada en camiones no era suficiente por sí misma, era necesario combinarla con las tradicionales armas de soporte - artillería e ingenieros - y especialmente con tanques; cuando los tanques son incorporados en formaciones mecanizadas con la adecuada proporción de infantería, artillería e ingenieros, concentrándolas en puntos de ruptura, y adecuadamente comunicadas entre sí, ello puede determinar el curso de las campañas.”

“La Guerra Relámpago, o Blitzkrieg, se basa en el movimiento permanente hacia adelante; mientras la infantería copa la línea de defensa enemiga y la fija al terreno, los vehículos acorazados sirviendo de “punta de lanza” penetran en el sistema de defensa, seguidos de la artillería autopropulsada y la infantería motorizada, esta penetración se hace a gran velocidad, no permitiendo que el enemigo reaccione, creando grandes embolsamientos de tropas y destruyendo las líneas de comunicaciones, puestos de mando y líneas de suministro; mientras tanto más atrás la infantería de a pie empieza a penetrar en territorio enemigo; este esquema se repite una y otra vez, llevando a la desarticulación total del ejército contrario. La aviación sirve de “artillería de largo alcance”, mientras tanto impide la llegada de refuerzos al frente principal.”


Afirma el historiador John Ellis, en referencia a la implementación de la Blitzkrieg en la invasión de Polonia: «mientras que los informes occidentales de la campaña polaca hacían hincapié en el poder de choque de los tanques y los ataques de los Stuka, tendían a subestimar el efecto castigador de la artillería alemana en las unidades enemigas. Móvil y disponible en cantidades significativas, la artillería destruyó tantas unidades como las otras ramas de la Wehrmacht.» Este concepto es importante de remarcar, pues significa que no conviene centrarse exclusivamente en unidades de asalto, y que es necesario desprenderse de la mentalidad “search and destroy” que guía el diseño de muchos UCGV: un vehículo no tripulado de artillería, armado con un obús de 105 mm, o un mortero de retrocarga automática de 120 mm, o un lanzador múltiple de cohetes...o incluso una simple “mula” de transporte de munición, serán vehículos tanto o más útiles en muchas operaciones que un UCGV “cazatanques” o de asalto, armado con misiles y cañón automático/ametralladora).

Método de maniobras Editar

“Schwerpunkt”: Editar

La Blitzkrieg siempre perseguía acciones decisivas. Con este fin, se desarrolló la teoría del Schwerpunkt o punto focal: se trataba del punto de máximo esfuerzo. Los blindados y la Fuerza Aérea eran utilizados únicamente en este punto de máximo esfuerzo siempre que fuera posible. Mediante el éxito local en el Schwerpunkt, una pequeña fuerza lograba una rotura de la línea y conseguía ventajas al luchar en la retaguardia del enemigo. Fue resumido por Guderian como «Nicht kleckern, klotzen!» (¡Sin hacer cosquillas, golpeando!).


Parálisis: Editar

Abriendo una brecha hacia las zonas de retaguardia del enemigo, las fuerzas alemanas intentaban paralizar el proceso de toma de decisiones y de puesta en práctica del enemigo. Moviéndose más rápido que las fuerzas enemigas, las fuerzas mecanizadas explotaban esta debilidad y actuaban antes de que las fuerzas contrarias pudiesen tener una respuesta. Guderian escribió que «el éxito debe ser explotado sin respiro y con cada pizca de fuerza disponible, incluso de noche. El enemigo derrotado no debe estar tranquilo.»

Un punto principal para esto era el ciclo de decisiones. Cada decisión tomada por los alemanes o las fuerzas enemigas necesitaba de tiempo para recopilar información, tomar dicha decisión, repartir las órdenes entre los subordinados, y luego poner en práctica la decisión a través de la acción. Gracias a la movilidad superior y los ciclos más rápidos de toma de decisiones, las fuerzas mecanizadas podían realizar acciones en una situación antes que las fuerzas oponentes. Recordar las fases del “ciclo OODA” de Boyd: Observación, Orientación, Decisión y Acción.


“Kesselschlacht”: Editar

La fase final de una operación se denominada Kesselschlacht o batalla de la caldera. Consistía en un ataque concéntrico a una fuerza cercada. Era donde se infligía la mayor parte de las pérdidas al enemigo, sobre todo con la captura de prisioneros y armamento.



Contramedidas y limitaciones Editar

El entorno Editar

Los conceptos asociados con la denominación de Blitzkrieg, penetraciones en profundidad por blindados, grandes envolvimientos y ataques de fuerzas combinadas, tenían una dependencia importante del terreno y las condiciones meteorológicas. Donde no había capacidad para el movimiento rápido, la penetraciones de blindados fueron evitadas a menudo o resultaron un fracaso.

El terreno debía ser idealmente plano, firme, sin obstáculos naturales o fortificaciones e intercalado de carreteras y vías de ferrocarril. Si en su lugar era accidentado, arbolado, con pantanos o zonas urbanas, los blindados serían vulnerables a la infantería en combate próximo y sin posibilidad de salir a toda velocidad. Además, las unidades podían pararse por el fango o la nieve. La artillería y el apoyo aéreo también dependían del tiempo atmosférico.


Superioridad aérea Editar

La superioridad aérea aliada se convirtió en un impedimento significativo en las operaciones alemanas durante los últimos años de la guerra. Los primeros éxitos alemanes disfrutaron de superioridad aérea, apoyo aéreo cercano (CAS) y reconocimiento aéreo. Sin embargo, los cazabombarderos aliados fueron temidos por sus éxitos tácticos, de manera que tras la Operación Overlord, las tripulaciones de los vehículos alemanes mostraban reticencia de moverse en masa a la luz del día.

De hecho, la última operación Blitzkrieg alemana, la Batalla de las Ardenas, fue planeada para que tuviese lugar con mal tiempo y la aviación aliada en tierra. Bajo esas condiciones, fue difícil para los comandantes alemanes emplear la "idea de blindados" a su potencial previsto.


Trasladándonos a la actualidad y al dominio de los vehículos no tripulados, es importante señalar la necesidad de complementar el rol de los cazas de superioridad aérea tales como el F-15 y F-22 y de los sistemas antiaéreos de largo alcance con unidades SAM de corto alcance para negar eficazmente el uso del espacio aéreo a las aeronaves enemigas. En esta tarea puede considerarse viable el uso de sistemas de defensa aérea sin tripulación, altamente móviles y autónomos, equipados con la electrónica de combate más básica y resistente a fallos posible (doble enlace digital de datos, GPS, detectores de iluminación de radar, sensores infrarrojos y un IFF básico para discriminar aeronaves enemigas de amigables) y con misiles infrarrojos de “disparar y olvidar” para poder lograr una adecuada densidad de defensas antiaéreas “de punto” con el fin de proteger a las tropas estadounidenses ahora que los sistemas SHORAD “Avenger” han sido sacados del servicio. En esto el prematuramente retirado “Avenger” es todo un ejemplo de practicidad: un vehículo todoterreno “Humvee” equipado con una pequeña torreta en su parte trasera, y capacidad para disparar hasta 8 misiles FIM-92 “Stinger” de corto alcance y guiado infrarrojo: nada que no pueda ser emulado en un vehículo no tripulado con las capacidades que se disponen hoy en día, siendo un modelo a seguir la familia de vehículos autónomos de vigilancia “Guardium” fabricado en Israel.


John Ellis, así como Stephen Zaloga, en su estudio de la campaña polaca de 1939, señala que el uso efectivo de otras armas como la artillería y el fuego aéreo fueron al menos igual de decisivos para el éxito de la operaciones alemanas, y posteriormente de las aliadas. Las operaciones Panzer en Rusia no proporcionaron resultados decisivos: Leningrado nunca cayó a pesar de que tenía asignado un Panzergruppe entero, tampoco lo hizo Moscú. En 1942 las formaciones Panzer se extendieron demasiado en Stalingrado y el Cáucaso, y los éxitos conseguidos, como Manstein en Járkov sólo tuvieron importancia local.


Hoy en día, al igual que en la Segunda Guerra Mundial, hay que enfatizar de la interdependencia de las fuerzas en el campo de batalla: la aviación de ataque y la artillería pueden debilitar con sus fuegos una posición enemiga, pero no pueden tomarla. La infantería por sí sola puede tomar una posición sin fuego de apoyo, pero a costa de un mayor número de bajas, más grande mientras mejor defendida esté dicha posición. Los vehículos blindados pueden aniquilar por sí solos la mayor parte de las fuerzas enemigas, pero son vulnerables al fuego de armas antitanque, y al igual que la infantería, pueden sufrir el ataque de la aviación o la artillería enemiga si no cuentan con superioridad aérea o capacidad de fuego “de contrabatería”. Así pues, ninguna de las partes es independiente de la otra, sino que deben complementarse. La disponibilidad de redes de comunicación entre todos los medios disponibles en la zona de combate, es también, al igual que en 1939, vital para la coordinación de dichos medios, para permitir una correcta ejecución de las tácticas y estrategias, para así conseguir los objetivos fijados.








OTRAS CONSIDERACIONES



Armas modernas vs antiguas: consideraciones sobre el uso de sistemas de armas “legacy” en vehículos de combate no tripulados


Si bien la introducción de plataformas de combate UCGV supone, como ya se ha dicho, una revolución en el campo de batalla moderno, uno de los problemas que enfrenta el despliegue de medios “U” es la dependencia de sistemas “legacy” o heredados de décadas anteriores para el cumplimiento de su misión, sistemas que en algunos casos ya muestran fuertes signos de obsolescencia. Esta situación puede darse debido a: la necesidad de mantener contenidos los costes de desarrollo y fabricación de los vehículos no tripulados usados para estas misiones, que hace poco viable la instalación de sistemas nuevos y más efectivos, pero más costosos y no probados en combate; a la existencia de un gran stock de equipamiento o armas “legacy”; o a la inexistencia a corto plazo de alternativas de armamento moderno más eficaces...con todos los inconvenientes que esto acarrea. Uno de los ejemplos más claros de esta situación es el uso todavía amplio del sistema de misiles antitanque filoguiados TOW.




Figura 3: misil TOW siendo disparado desde un jeep; los primeros modelos tenían un alcance de 3000 mts, frente a los 3750 mts de las variantes más modernas.


Este misil fue introducido en la década de 1970 para brindar a las fuerzas norteamericanas de un sistema de rango superior a los que usaba entonces -que contaban con un máximo de 2000 mts de alcance-, y capaz de atacar con éxito los blindados soviéticos más avanzados a la fecha. Hoy en día es uno de los misiles antitanque de alcance intermedio (3.5 - 4 km) más ubicuos en occidente. Pues bien, el TOW tenía, a principios de los años 80 del siglo pasado, una ventaja en alcance de al menos 1500 mts sobre sus víctimas más probables, los tanques rusos T-72 y T-80, dada la inferioridad de los sistemas de puntería rusos en comparación con los occidentales. Esto suponía un mayor tiempo por parte del operador de estos sistemas, para definir blancos y atacarlos antes de entrar en el rango efectivo de los cañones de sus oponentes. En la década de 1990 al 2000, ya esta brecha, que daba más tranquilidad al atacante, se había reducido a alrededor de 1000 mts para atacar la nueva generación de tanques rusos: los T-90 y T-80UM1, variantes modernizadas de diseños anteriores (el T-90 es, según los especialistas, poco más que un T-72 mejorado). Esta situación se debió a la entrada en funcionamiento de nuevos visores y sistemas de control de fuego. Si bien la tecnología empleada por los rusos era todavía inferior a sus contrapartes occidentales, se constató una evolución preocupante, pero por otra parte inevitable. Y la amenaza no hace más que crecer: es probable que antes de finalizar esta decada, el alcance máximo del TOW -incluidas sus últimas variantes- se encuentre dentro del rango eficaz de los sistemas de puntería de las versiones más modernas de T-90, T-80 o incluso T-72. Estos tanques, o sus clones, posiblemente conformarán las “puntas de lanza” de cualquier fuerza blindada importante que tengan que enfrentar las fuerzas de la OTAN.  


Figura 4: Familia TOW al completo (De izquierda a derecha: TOW básico, I-TOW o TOW mejorado, TOW 2 y 2A. TOW 2B en el centro).


Otro factor que afecta el desempeño de este sistema es la proliferación de blindajes reactivos, usados como “apliqué” o añadido para aumentar la protección de los blindados, y especialmente eficaces contra las ojivas de carga hueca, como las que equipan a la inmensa mayoría de los misiles antitanque de hoy en día. Debido a esto, el poder de penetración del TOW, aún en sus variantes 2 y 2A, ya es insuficiente para perforar la coraza frontal de un tanque ruso de la década de 1990 al 2000, que generalmente cuentan con este tipo de añadido, aparte de un blindaje convencional -pasivo- mejorado (véase figura 5).


Figura 5: Blindaje frontal de un T-72M (similar al del T-90). Las zonas en rojo, verde, beige y violeta presentan espesores equivalentes o superiores a 1000 mm de blindaje de acero homogéneo (RHA), y son zonas donde incluso un misil TOW-2 es inefectivo (http://fofanov.armor.kiev.ua/).


Si bien el TOW-2A incluye una pequeña precarga en la punta diseñada para detonar prematuramente los blindajes reactivos y así disminuir su eficacia, no está claro que ésta sea efectiva contra blindajes reactivos pesados tales como el “Kontakt-5” o el “Relikt”, debido al gran espesor e inclinación de sus placas; la mayor amenaza derivada del uso extensivo de este tipo de protección es lo fácil que resulta añadirla a tanques más antiguos, sin que sean necesarias modificaciones extensivas en la torreta o el casco de los vehículos modernizados de tal forma (como sí ocurre con los blindajes estratificados usados en los tanques occidentales), de tal manera que es posible que cada vez sea más común el tener que enfrentar tanques con su blindaje aumentado de esta forma. Y aunque la versión 2B del TOW provee de un modo de ataque “sobre el techo” (“top-down attack”) con ojivas de combate que perforan la parte menos blindada del vehículo -ignorando la más protegida parte frontal- este desarrollo encuentra su contramedida en la utilización de sistemas activos de defensa tales como el “ARENA” o “DROZD 2”, equipados con radares de corto alcance para detección de proyectiles, y capaces de derribar misiles o granadas cohete que se acerquen al tanque; o el “SHTORA”, que cuenta con emisores capaces de “engañar” el sistema de guía de misiles filoguiados tales como el TOW o su equivalente europeo, el HOT, e incluso de misiles guiados por láser como el “Hellfire”.


Figura 6: Esquema de funcionamiento del sistema de protección activa (APS) ARENA (http://fofanov.armor.kiev.ua/Tanks/EQP/arena.html).


Figura 7: Sistema de contramedidas SHTORA-1. La “caja” a la derecha del cañón es uno de los dos emisores infrarrojos del sistema.


No obstante, existen puntos débiles en estas contramedidas. Los APS “hard-kill”, capaces de destruir el proyectil atacante, detectan blancos en 360º a la redonda, pero poseen un arco de protección propiamente dicha limitado a 110-120 grados (es decir, que protegen sólo el frontal y los lados de la torreta). Y los sistemas de contramedidas “soft-kill” tales como el SHTORA, basados en interferir el sistema de guiado de los misiles atacantes, enfrentan limitaciones similares en sus ángulos de cobertura y capacidad de manejo de amenazas múltiples.

Conociendo estas debilidades, es posible idear contra-tácticas efectivas: el lanzamiento de salvas coordinadas de misiles de varios tipos desde múltiples direcciones, puede sobrepasar el arco de protección de los sistemas de defensa activa, a la vez que eliminan la protección de los blindajes reactivos (que tienen la desventaja de ser de un solo uso), permitiendo la penetración exitosa de la carga de combate de uno o varios de los misiles atacantes, y dejando fuera de combate los blancos atacados. En este caso, una de las ventajas de los sistemas “legacy”, que es su bajo costo comparativo, permite dispararlos en grandes cantidades sin que resulte especialmente oneroso para la fuerza atacante. Los vectores de lanzamiento habituales (blindados ligeros, jeeps HUMVEE, etc) pueden ser complementados sin problema por unidades UCGV-AT (“cazatanques”) emboscadas en posiciones adelantadas en el terreno -que expondrían sólo sus sensores y sus lanzadores de misiles- designando blancos y combatiendo con sus propias armas, o bien designando blancos para otras plataformas de combate. Además, con el uso de interfaces de comunicación de “máquina a máquina”, un escuadrón de vehículos no tripulados podría pasar información sobre la ubicación de los objetivos a TODOS los medios disponibles simultáneamente y en tiempo real,  a la vez que combate contra esas mismas amenazas.

Así, sólo la adopción de nuevas tácticas para el uso de armas “legacy” combinada con un gran despliegue de medios AT (antitanque), se perfila como una solución para enfrentar grandes formaciones de blindados avanzados, de procedencia rusa o este-europea. Un vehículo “cazatanques” típico, manteniendo la ventaja del empleo de componentes ya probados en vehículos tripulados -algo ya visto en diseños tales como el demostrador de tecnología “Black Knight” de BAE Systems (Fig. 2)-, e incorporando una torreta de bajo perfil y lanzadores retráctiles gemelos con capacidad para hasta 8 misiles, podría hacer que los “viejos” TOW fueran la nueva pesadilla de los tanquistas, tal como lo fueron el misil “Sagger” en 1973, y el “Hellfire” en 1990 . Concretamente, las ventajas de este tipo de vehículos serían:


  • La posibilidad de su uso en grandes números, que se da gracias a su mayor transportabilidad -derivada de sus menores dimensiones y peso en comparación con cualquier vehículo tripulado-, a su menor precio, que hace las pérdidas más tolerables, y a su menor consumo de combustible (comparable al de un transporte de tropas M-113 o BTR-60).
  • Una altura de entre 1.70 y 1.90 metros contra los 2.20 a 2.50 metros de un tanque tripulado,  que lo hace más difícilmente detectable.
  • La capacidad de disparar misiles en desenfilada (es decir, exponiendo sólo los lanzadores del vehículo)
  • Su poder de fuego rápidamente disponible en comparación con otros vectores de lanzamiento: hasta 8 misiles “prontos para disparar” contra 2 de los lanzadores tipo “TUA” (Tow Under Armour) usados por otros blindados.
  • La capacidad de disparar salvas sincronizadas de varios misiles, desde varios vehículos, contra blancos individuales. Y la posibilidad de coordinar estrechamente su despliegue, y de ser guiados tanto desde estaciones terrestres fijas como a través de estaciones portátiles transportadas por pelotones de infantería.


Estas ventajas convierten al UCGV-AT en una plataforma con capacidades extendidas frente a las anteriores generaciones de vehículos antitanque, una plataforma que optimiza las capacidades de los antiguos misiles, para adecuarlos a las nuevas amenazas.





UCGV´s de múltiples capacidades: análisis de las características necesarias en un entorno de combate multi-rol


Si bien ya hemos definido uno de los roles en los cuales los medios “U” podrían convertirse en una valiosa alternativa o apoyo a los medios tripulados, todavía queda por ver cómo convertirlos en vehículos de uso más flexible según el tipo de misión a cumplir; esta flexibilidad de uso es altamente deseable, teniendo en cuenta que la mayor parte del presupuesto para nuevos medios no tripulados ha de ser compartido por la Fuerza Aérea, el Ejército, y la Marina -es decir, que el dinero para el desarrollo y compra de nuevas unidades es limitado-. Los UCGV´s deberían ser idealmente “de todo uso”, es decir capaces de atacar blindados, apoyar a la infantería, e incluso oficiar de medios antiaéreos improvisados, para apoyar el funcionamiento de sistemas SHORAD de corto alcance tales como los “Gepard”, los “Avenger”, o los “Crotale”. Pero si bien estas múltiples capacidades aumentan su utilidad, y por lo tanto la posibilidad de su adquisición y despliegue en grandes cantidades, por otra parte restringen severamente las opciones de armamento disponibles para tales vehículos. Por ejemplo: un lanzagranadas automático de 40 mm es ideal para el apoyo de fuego a tropas amigas por su alto poder destructivo, pero es ineficaz como arma antiaérea por la escasa velocidad y rápida pérdida de energía de sus proyectiles; un cañón automático de 35 o 40 mm es eficaz en ambos roles (apoyo de fuego y AA) pero es sumamente voluminoso y limita la cantidad de munición disponible en un vehículo de tamaño medio, tal como, por ejemplo, un UCGV de las dimensiones de un transporte de tropas M-113 o BTR-60. Una ametralladora pesada de 12.7 mm o un cañón automático de 20 mm son opciones más viables como armas de doble uso en un vehículo ligero, pero adolecen del problema del alcance reducido y de su limitada capacidad de daño en comparación con las otras piezas antes mencionadas; este último problema se exacerba al atacar aeronaves rápidas, que sólo ofrecen la posibilidad de acertarles algunos pocos proyectiles antes de sobrepasar el rango útil de estas armas. La única solución de compromiso viable en este caso es la instalación de un cañón automático de 25 mm tipo “Bushmaster”, que si bien no es tan eficaz en un rol puramente AA como el 35 o el 40 mm, cuenta con tres ventajas: una es -en el caso de los EE.UU- la de ser utilizado por medios del US Army y el USMC (concretamente, los M2 Bradley y los LAV-25); las otras dos son tener una “pegada” superior a las armas de 12.7 y 20 mm, y  poseer doble alimentación, que le permite seleccionar entre dos tipos diferentes de munición de acuerdo al blanco a atacar. Esta última característica la convierte en un arma polivalente por definición, y dicha polivalencia se puede llevar al límite empleando proyectiles equipados con las novedosas espoletas electrónicas programables, como las usadas por los proyectiles “3P” de Bofors, o sin ir más lejos, por las granadas de 20 y 25 mm del programa OICW; estas espoletas permiten a los clásicos proyectiles de fragmentación atacar eficazmente blancos variados, tales como grupos de infantería, edificios, aeronaves, o blindados ligeros. Si bien todavía no se ha fabricado un proyectil así en el calibre de 25 x 137 mm usado por el “Bushmaster”, la tecnología necesaria ni siquiera “está a la vuelta de la esquina”: ya existe, y está esperando una decisión para ser implementada. Esto es sólo un ejemplo de los numerosos cálculos y decisiones que debe tomar, y los reclamos que debe hacer, un equipo de diseño de un UCGV para poder garantizar su capacidad multiuso. Con los sistemas de misiles ocurre un caso similar, o incluso peor: los Javelin tienen capacidad dual antitanque/antiaérea, pero su limitado alcance de 2500 mts los relega a combates en zonas accidentadas, boscosas o urbanas, donde las distancias de enfrentamiento son sensiblemente menores a los 4000-5000 mts que se pueden alcanzar en zonas despejadas y sin muchos obstáculos. Los TOW tienen una limitada capacidad anti-helicópteros y mayor alcance, pero son inútiles contra una aeronave rápida. Los misiles “Griffin” son más rápidos y livianos, pero poseen las mismas limitaciones del TOW, con el inconveniente agregado de que su ojiva de fragmentación no sirve para atacar blindados. En este caso no hay “soluciones de compromiso” posibles: el UCGV multiuso debe depender de un lanzador gemelo de misiles tierra-aire de corto alcance tipo “Stinger” o “Igla”, para asegurarse una capacidad antiaérea adecuada, dada la inexistencia de una alternativa que cubra las especificaciones requeridas de alcance y uso dual.

En cuanto a la movilidad, el sistema de posicionamiento global por satélite (GPS), la cartografía digital y la tecnología de pronóstico meteorológico disponibles actualmente permiten prever más anticipadamente el movimiento de los diferentes vehículos en las zonas de combate. Pero si bien se han hecho avances al respecto, los sistemas de navegación terrestre no están tan desarrollados como los de su contraparte aérea, sobre todo en rutas que signifiquen moverse por algo más que caminos nivelados y asfaltados. Todavía los sistemas de sensores, consistentes en sistemas de navegación por GPS, ayudados por medidores de distancia por radar y por láser, y radares de mapeo y reconocimiento de terreno, no pueden establecer de manera eficaz una ruta en terrenos accidentados, y requerirían de “ayudas” tecnológicas como los sistemas “Follow Me” (transmisores-receptores instalados en soldados o en otros vehículos, ya sean tripulados, UGV´s en modo RPV -Remotely Piloted Vehicle, Vehículos Pilotados Remotamente-, o UGV´s en modo autónomo o semi-autónomo, que habilitan al UCGV a seguir rutas usadas por otros) Esas ayudas podrían ser más efectivas usando un software de altas capacidades, en combinación con un hardware potente -instalados en el propio vehículo o en una base terrestre, comunicada satelitalmente con el UCGV- que cotejaría no sólo las rutas seguidas, sino todos los datos posibles de los vehículos que le envían la información sobre dichas rutas, como ser despeje al suelo, peso, potencia del motor (torque), reparto de pesos (centro de gravedad), velocidad que usan para superar obstáculos según el tipo de obstáculo, si utilizan tracción por ruedas u orugas, presión sobre el suelo que ejercen dichas ruedas u orugas, etc etc. Estas informaciones se emplearían para elaborar un “mash-up” con los datos del radar de seguimiento de terreno, coordenadas del sistema GPS, telemetría por radar y/o láser, información de mapas, etc, disponibles para el UCGV, posibilitando que el vehículo no tripulado “se dé cuenta” y “decida” si la ruta seguida por los otros medios es transitable por un vehículo de sus características. A su vez, dicha suma de datos permite elaborar a su vez mapas asociados a datos más detallados, que podrán usarse para futuras misiones de otros vehículos similares o diferentes. Este tipo de soluciones hace uso de una tecnología de sensores y redes de comunicaciones ya existente, y capacitaría al UCGV no sólo como medio de combate propiamente dicho, sino también como vehículo de reconocimiento y mapeo, posibilitando que cumpla más de un rol a la vez, y haciéndolo de esta manera más “vendible” como plataforma. Se trata, en fin, de un asunto de “ventajas comparativas”. También, la combinación de sistemas “Follow me” y capacidad de procesamiento derivada a otras plataformas, efectivamente trasladan la llamada “Inteligencia Artificial” (I.A) desde un enfoque centrado en un único y poderoso “cerebro” (la computadora del UGV), hacia una “Red Neural” conformada por una multitud de sensores y potencia de procesamiento distribuidos en el espacio de batalla, que facilita o sustituye la “toma de decisiones” por parte del vehículo no tripulado, y a la vez abarata el costo de cada vehículo individual, al poder diseñarlo con una lógica menos compleja. La desventaja mayor de este esquema, no obstante, es su dependencia de una red táctica fuertemente intercomunicada, resistente a interferencias, de banda ancha, y a la vez criptográficamente segura, una red que siempre ha de estar disponible para que la “inteligencia” de los UGV en la zona de combate no se desmorone...salvo que se acepte, en estos casos, la “carga” de tener que usar dichos vehículos como simples RPV por operadores situados tanto dentro como fuera de la zona de combate; o de tener que asignarles un espacio interior lo suficientemente blindado y cómodo para que un soldado pueda tripularlo “in situ” sin problemas en caso de emergencia, y de diseñar un software lo suficientemente amigable para que cualquier soldado, sin entrenamiento específico, pueda operarlo satisfactoriamente, ya sea tanto por dentro como por fuera del UGV, a manera de un “tele-tanque” moderno.

El tema no se acaba aquí, pero si bien hay más parámetros a considerar, este análisis pretende ser sólo informativo, no exhaustivo. De todas maneras, cabe hacer una advertencia final: el desarrollo de las capacidades de las plataformas de combate terrestre no tripuladas demandará no sólo de dinero, sino de ingentes dosis de ingenio para enfrentarse y prevalecer frente a la multitud de tácticas que se presume se usarán en las nuevas guerras de este siglo, verdaderas guerras “híbridas” que combinarán batallas convencionales, acciones de guerrilla, actos terroristas, y sabotajes electrónicos e informáticos a escala global. Estas condiciones pondrán a prueba tanto los sistemas no tripulados como sus redes de comunicaciones asociadas, de una manera nunca antes vista. “Flexibilidad” y “resiliencia” serán términos tan importantes como “autonomía” o “potencia de fuego”. Este futuro, exigente, determinará si dichos sistemas terminan sustituyendo a los medios convencionales, o siguen manteniéndose como una alternativa útil pero no lo suficientemente segura para su uso en grandes números.

Pero por otra parte, nadie dijo que fuera fácil.




ENLACES DE INTERÉS:

http://www.airpower.au.af.mil/apjinternational/apj-s/2005/2tri05/hoffman.html

http://www.airpower.au.af.mil/airchronicles/apj/apj02/sum02/jogerst.html

http://en.wikipedia.org/wiki/Hybrid_warfare






















PARTE 2:

INCIDENCIA DE ENTORNOS DE COMBATE ALTAMENTE EXIGENTES EN EL DISEÑO DE VEHÍCULOS DE COMBATE TERRESTRE NO TRIPULADOS Y EN LAS TÁCTICAS DE EQUIPOS TRIPULADOS-NO TRIPULADOS DE ARMAS COMBINADAS

O

CÓMO LA EXPERIENCIA Y LA DOCTRINA DICTAN EL DISEÑO Y LAS TÁCTICAS


Si bien las tácticas de “guerra relámpago” todavía resultan actuales, su máximo provecho se logra sólo cuando se dan las circunstancias adecuadas para su correcta ejecución (orografía que permita una alta movilidad, condiciones climáticas benignas, apoyo aéreo y de artillería significativos). Pero los ejércitos hoy en día han de operar muchas veces en entornos de combate completamente “anti-blitzkrieg”, que impiden la ejecución de maniobras rápidas y decisivas. Uno de los entornos más exigentes, y a la vez más comunes hoy en día, es el de las operaciones en ciudades. Las operaciones militares en terreno urbano (MOUT por sus siglas en inglés) implican avances más lentos, pérdidas más altas en hombres y vehículos, y un consumo elevado de suministros, en comparación con la operaciones en terreno no urbanizado. La presencia de edificaciones dificulta la observación desde el aire a la vez que restringe el rango efectivo de las armas pesadas, y aumenta considerablemente la cantidad de explosivos necesarios para reducir una posición enemiga; también, tanto los edificios en buen estado como los reducidos a escombros sirven de excelentes parapetos para el accionar de ametralladoristas, francotiradores y equipos “caza-tanques”. En estas condiciones, el uso extensivo de medios mecanizados crea para los vehículos blindados un riesgo análogo al que corría la infantería en la “guerra de trincheras”: la aniquilación de grandes números sin lograr avances significativos, es decir, desgaste y estancamiento. No obstante, la engañosa percepción de la “invencibilidad” de los tanques a veces ha creado, en los mandos no familiarizados con las fortalezas y debilidades del elemento acorazado, la ilusión de un despliegue de fuerzas rápido y aplastante, incluso sin desmontar a la infantería de sus transportes. Esta fantasía choca con la realidad de los combates urbanos o en zonas accidentadas: los tanques no son inmunes al ataque de misiles, granadas antitanque (RPG), y minas o bombas improvisadas...sobre todo si el enemigo conoce bien el terreno y las tácticas adecuadas, y/o tiene acceso a  armas antitanque modernas. Ejemplo de los funestos resultados de querer tomar posiciones sin infantería de apoyo, las tenemos en la guerra de “Yom Kippur” en 1973 y la toma de Grozny en 1995. En ambos casos, equipos antitanques con armas portátiles (misiles AT-3 “Sagger” y lanzagranadas RPG-7 en el caso egipcio, lanzagranadas RPG-7 y RPG-18 en el caso checheno) les “amargaron la vida” seriamente a las tripulaciones de los vehículos. Las altas pérdidas en ambos casos se debieron a que la carencia de unidades de infantería asegurando el terreno conquistado, o su despliegue en número insuficiente, habilitaron al enemigo a usar sus armas casi sin oposición, aumentando así el número de ataques exitosos contra las fuerzas propias. La infantería desmontada, junto con un adecuado apoyo aéreo y de artillería, puede “buscar y destruir” con precisión las posiciones y equipos antitanque, por lo general muy bien emboscados y difíciles de detectar por los blindados. Asimismo, los cañones de los tanques, en conjunción con el armamento pesado de otros vehículos, pueden neutralizar o suprimir posiciones enemigas de ametralladoras o francotiradores, permitiendo a la infantería moverse a una velocidad razonable en el combate “casa por casa” típico de las operaciones urbanas. La combinación de las capacidades de detección y supresión de la infantería, del reconocimiento y potencia de fuego precisa del elemento aéreo, y de la potencia de fuego “de bulto” de los tanques produce los mejores resultados en estos casos, una lección que los israelíes y los rusos aprendieron ya en su día.

En el esquema de uso de unidades blindadas no tripuladas UCGV, esto es importante. Anteriormente ya habíamos establecido que el uso conjunto de armas  era más efectivo si cada arma individual podía marcar tanto blancos como rutas de navegación para los UCGV. Pues bien, en ningún teatro de operaciones son más exigentes las condiciones de combate que en el de una guerra urbana. Aquí, la adecuada coordinación y asignación de funciones a cada elemento de la tríada infantería-blindados-aviación es tan importante como las comunicaciones seguras, la potencia de fuego, la movilidad y la protección.

Siendo necesaria la presencia de la infantería moviéndose a distancias no muy largas de los blindados, las capacidades de observación, detección e identificación de objetivos pueden trasladarse a la red de soldados a pie operando en el área, transmitiendo información a una red de datos táctica, disponible “full time” para los UCGV y medios aéreos; esta arquitectura en red, al contrario del enfoque centralizado tradicional, dificultaría la labor de guerra electrónica del enemigo, pues al contrario que en un enfoque centralizado, no se trata de interferir el enlace de comunicaciones entre una estación de control remoto y un UCGV, sino de inutilizar múltiples enlaces de datos entre una gran cantidad de transceptores, de baja potencia pero distribuidos sobre una gran área. El uso de transceptores con capacidad de “salto de frecuencia” y cifrado de comunicaciones, como las radios codificadas SCINGARS en uso por la OTAN, obligaría a los sistemas de interferencia enemigos a cubrir un amplio espectro de frecuencias con un nivel de potencia de emisión muy alto para saturar dichos canales de comunicación independientemente de su distancia, seguridad y capacidad de cambio de frecuencia. En la práctica, la interferencia sería tan evidente que convertiría al “jammer” en una fuente claramente identificable y eliminable por la fuerza; aún más teniendo en cuenta de que la presencia de una gran cantidad de transceptores en un área determinada permite la triangulación de dicha fuente. Con las comunicaciones cifradas y resistentes a interferencias, y las funciones O, D e I (Observar, Detectar e Identificar) del acrónimo ODIN provistas por la infantería desmontada, a los UCGV u otros medios les restaría sólo cumplir con la “N”: neutralizar al objetivo.

Aunque en primera instancia puede pensarse que los combates en escenarios urbanos podrían ser la peor pesadilla para un UCGV -la densidad de edificaciones restringe el rango efectivo de las comunicaciones, es más difícil distinguir los blancos, etc- en realidad es en este tipo de acciones donde las ventajas de los UCVG se harían más patentes. Su menor peso y volumen general, menor anchura, presión sobre el suelo, etc, los convertirían en vehículos más adecuados para transitar por las calles que un tanque tripulado de entre 45 y 60 toneladas, manteniendo un poder de fuego similar. También, dicha reducción de tamaño permitiría agrupar de manera más compacta los diversos elementos de protección, como ser depósitos exteriores de combustible y municiones, blindaje pasivo y reactivo, sensores de contramedidas electro-ópticas y de defensa activa. Esta disposición -ideada por los diseñadores de blindados a través de los años, para contrarrestar la amenaza cada vez mayor de las granadas propulsadas por cohete y los misiles portátiles- esta vez apuntaría a proteger no a un equipo humano, sino a un conjunto conformado por los sistemas de: sensores, procesamiento de información, identificación amigo-enemigo, enlaces de datos con otras plataformas, etc. En resumen, lo que llamaríamos la “Inteligencia Artificial” del UCGV. Para proteger los sistemas más críticos (como la unidad de procesamiento central y sus soportes de almacenamiento de datos) pueden emplearse dos enfoques totalmente distintos: uno es el empleo de sistemas duplicados o incluso triplicados en algunos casos, por lo que si uno de ellos resulta dañado, los restantes puedan seguir cumpliendo el trabajo. El otro es usar una única unidad considerablemente protegida contra impactos de proyectiles, fragmentos de metralla y fuego, a manera de una “caja negra”, una computadora tan blindada que sólo pueda dañarla un impacto capaz de desbaratar totalmente el vehículo. La única salvedad a hacer en el despliegue de UCGV “pesados” o “tipo tanque” en zonas urbanas es la vulnerabilidad de sus sensores electro-ópticos, telémetros láser y/o LADAR, antenas, etc; que pueden ser atacados por francotiradores o sufrir daños derivados de explosiones cercanas , quedando así inoperativos aunque el vehículo cuente todavía con movilidad y potencia de fuego. Aquí, sólo el trabajo en equipo con otros UGV, medios tripulados o con la infantería, todos o cualquiera de ellos marcándoles las coordenadas de los blancos, podría hacer irrelevante la pérdida de dicha capacidad sensora. Aunque, como ya se ha indicado, esta guía “ciega” requiere de una red de datos robusta, y posiblemente de duplicación o triplicación de antenas en el UCGV. Esto, dado que la transmisión y recepción de información es el eslabón más importante de esta cadena.

También, el uso de sistemas redundantes puede aumentar la capacidad de supervivencia del UCVG a pesar de recibir múltiples impactos de granadas o misiles antitanque. Usando la experiencia obtenida en estas últimas dos décadas por los fabricantes de aviones de combate, un “blindado robot” con redundancia de sistemas electrónicos, hidráulicos y hasta dos plantas motrices, todos ellos independientes, y sin tripulación humana que pueda resultar herida o muerta, sería capaz por diseño de aguantar más daño de combate que una unidad habitada. La carencia de una tripulación también beneficia al UCGV en la eliminación de los sistemas de filtros y presurización de aire correspondientes a la protección NBQ (Nuclear-Biológica-Química), por lo que el vehículo no sólo gana en simplicidad y economía de fabricación, sino que también puede circular con escotillas abiertas o contar con escotillas eyectables en caso de aumento de presión súbita en su interior. Hay que recordar que uno de los mecanismos de daño que desencadenan las cargas huecas -como las que equipan a la inmensa mayoría de las granadas y misiles antitanque- es la sobrepresión en el habitáculo del vehículo atacado; en cuanto a los otros mecanismos de daño (penetración, calor intenso y fragmentación de la cara interna del blindaje) éstos pueden mitigarse mediante la protección de los sistemas críticos con los métodos de protección blindada más eficaces conocidos: blindaje compuesto de varias capas de diferentes materiales, superficies inclinadas, y una separación de al menos 60 centímetros entre el blindaje exterior y dichos sistemas, que disminuya la eficacia del chorro de gases y metal fundido proyectado por la carga hueca; aunque suene insólito, un espacio de aire de 60 centímetros ubicado tras una capa delgada de blindaje equivale a agregar una protección extra de casi 300 milímetros contra granadas antitanque de tipo RPG de diseño más antiguo, y de 150 milímetros contra ojivas de carga hueca más modernas.

Otra ventaja de los sensores y designadores dispersados en armas de infantería, UGV´s, UAV´s, vehículos tripulados, etc; es lo difícil que es aniquilar las capacidades de un equipo de armas combinadas, al ser estas capacidades creables y/o utilizables por cualquier elemento de este equipo, desde el infante de a pie, a todo tipo de vehículos terrestres tripulados y no tripulados, y hasta por las aeronaves de reconocimiento y/o ataque disponibles en la zona. Unas capacidades que recién son destruidas cuando el último infante es abatido, el último vehículo de apoyo queda fuera de combate o sin munición, y la última aeronave de apoyo es derribada o agota sus armas.

No obstante, una gran dependencia de redes tácticas de datos potencia el efecto del “jamming” o interferencia electrónica como factor que puede impedir o complicar considerablemente el logro de los objetivos de la misión; la degradación o inhabilitación de las comunicaciones de voz y datos no es más que otra forma de destruir las capacidades de dichos equipos. La evolución de esta amenaza hace imperativo el uso de métodos alternativos de enlace de datos, como ser:


  • Uso de enlaces ópticos, preferiblemente por láser, dada su baja dispersión incluso a grandes distancias.
  • Uso de antenas de radio direccionales, que emitan y reciban en un rango de apertura muy estrecho.


Cualquiera de estos dos métodos requieren que el o los soldados encargados de guiar el UCGV tengan que apuntar directamente al vehículo, pero por lo menos mantienen parte de las capacidades de combate de los equipos de armas combinadas. En caso de que incluso estas opciones no sean viables, los UCGV tendrán que ser guiados mediante un soldado ocupando un “mini-habitáculo”, que por cierto, en el caso de operaciones en entornos con contaminación NBQ, obliga al uso de un traje protector MOPP o similar, algo a tener en cuenta para su diseño dado que, como ya dijimos, el UCGV carecería de protección NBQ propia, contando sólo con los sistemas de refrigeración y circulación de aire necesarios para mantener la temperatura de los equipos electrónicos en valores aceptables. Otra consideración a tener en cuenta para el diseño de este mini-habitáculo es que en las operaciones MOUT, como ya se dijo, se debe prever un mayor consumo de todos los ítems necesarios para el sostén de vida y funcionamiento de las fuerzas: alimentos, suministros médicos, municiones, combustibles, etc. Si bien los UCGV tendrían la ventaja comparativa de menores consumos de combustible, habría que disponer de una forma rápida de cargar sus armas: tal vez el citado mini-habitáculo, accesible desde la parte superior o trasera del vehículo, podría tener los depósitos de municiones “ a mano”. Así, esta zona del UCGV se perfilaría como un espacio multiuso, desde el cual el vehículo podría ser reabastecido de munición, guiado por un elemento humano en caso de emergencia o de operaciones “furtivas” (con mínimas emisiones de radio), o utilizarse como transporte “de ocasión” para suministros a tropas amigas en zonas donde el fuego de armas antitanque portátiles constituya un alto riesgo para otro tipo de vehículos.

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